Por Javier MPA

Zapatero firmó con Aznar y por iniciativa propia un pacto por las libertades y contra el terrorismo. En él aparecían dos cosas fundamentales: una era que la política antiterrorista era competencia del gobierno y la otra era que con los terroristas no se hablaba ni se negociaba, a no ser que fuera para concretar los términos de su rendición. La experiencia de la tregua en la etapa Aznar había sido la verificación de que ETA no cesaba en sus objetivos y que empleaba las treguas para rearmarse. Esta experiencia habría sido el detonante de ese pacto y de la ilegalización de Batasuna. Antes de que Aznar dejara el gobierno, el señor Zapatero tenía otro pacto más debajo de la mesa: con Batasuna la ilegal; esto era que si él ganaba habría tregua y negociación. Con su inesperada victoria, ZP anunció de repente ese “proceso de paz” diciendo que ETA llevaba tiempo sin matar (aunque lo había intentado, recordareis las furgonetas cargadas de explosivos que cogió la policía dirección Madrid unos meses antes de las elecciones). Al decir, el gobierno, que iba a montar una “mesa de diálogo” o, como digo yo, un “intercambio de postalillas”, se estaba cargando una base fundamental de ese pacto que zp había firmado, la de que con los terroristas no se hablaba ni se negociaba. La política hasta entonces era una escultura con una venda en los ojos y unos tapones en los oídos que le impedían ver o escuchar las bombas de ETA. Era eso lo que hacía al Estado… no fuerte, invencible. Ningún movimiento de ficha de los terroristas podía condicionar lo más mínimo a la política. El día que a la escultura se le quitaron sus abalorios comenzó a tener tentaciones y la libertad de los votantes quedó sesgada por el negocio político del terrorismo. Pero no contento con esta ruptura de pacto, Zapatero no dudó en acusar al PP de haberlo roto él alegando que se pronunciaba en contra de la política antiterrorista del gobierno. La dialéctica es de niños pequeños ¿no os parece?, es decir, incumplo el contrato y cuando el PP se queja me acojo al contrato para criticarle. ZP se dedicaba a buscar palabrería para intentar contrarrestar las críticas, pero quedó claro que fue él quien lo rompió. Aún así, si alguien no lo tiene muy claro todavía, basta con ver que a día de hoy Rajoy no hace más que emplazar a ZP en el Congreso a volver al pacto y Zapatero no quiere el pacto ni en pintura.
Después de la ruptura con cruce de acusaciones, ZP tuvo su época de oro en las encuestas y nos repetía todos los días que gracias a él ETA no mataba. Era un líder que se iba creciendo y haciendo a sí mismo, pero no se daba cuenta de que cuanto más grande era su ego, mayor era el poder de ETA para castigarle electoralmente. Entretanto, la escultura seguía sin la venda, pero Zapatero solo tenía un plan A: improvisar, chulear de ningún atentado e ir haciendo cesiones que por supuesto siempre apoyaría la opinión pública. Entonces ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡BOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!! Ocurre un… “accidente” en Barajas. ETA decía: Zapatero, a mi no me chuleas como a tus votantes, conmigo vas a ceder lo que yo te diga. Otegui sale a hablar el primero, ante la expectación de los españoles, para marcarle el terreno a Jose Luis. Nos dice: venga, os doy otra oportunidad para que cedáis en lo que pedimos. Entonces Zapatero dice: ¡A sus órdenes mi general! Y de vuelta al mamoneo.
Hoy por hoy, la escultura sigue sin su venda; después de robos de pistolas, el intento de quemar vivos a dos policías, entrenamientos en el monte con fusiles de asalto, zulos encontrados, macarras intentando volver a formar el comando Donosti con kilos de explosivo en su poder, manifestaciones ilegales, un bombazo con 2 muertos, un coctel molotov con un muerto, una fuerte patada en los cojones a un abogado que se dirigía al juzgado, amenazas a empresarios por no pagar el “impuesto revolucionario” y toda clase de bravuconerías y victimismo.
De todo esto yo saco en claro dos cosas: que no hablar con los terroristas funcionaba y nos hacía libres y que cuanto más cerca estén las elecciones más rentable le sale a ETA presionar y más rentable electoralmente a Zapatero ceder. Si cede no hay bomba, si no cede hay bomba. Pero eso con la venda puesta no hubiera importado, el espíritu con bomba o sin bomba hubiera sido el mismo.
A un delincuente no se le debe dar la categoría de político, eso es hacerle un favor muy grande.