Por Pablo MPA
El otro día en una charla con alguien que conozco me di cuenta de un nuevo principio para mi vida: “no tengo ni idea de lo que estoy hablando, así que puedo decir lo que me da la gana“. En realidad ya lo había descubierto hace mucho tiempo, pero nunca le había puesto el nombre que le correspondía. La idea me sobrevino cuando pensaba en cosas brutales que hubiera en el mundo que pasaran desapercibidas por delante de mi. Ahora comprenderán un poco más el susto personal que me llevó a alcanzar tal reafirmación. Sin embargo les advierto que lo que viene a continuación no es sorprendente, ni mágico, ni nada nuevo de lo que no tuviera noticia, simplemente no había nunca recapacitado sobre ello lo suficiente.
Un banco de plancton normal pesa unas cien millónes de toneladas. Eso significa que harían falta unos trescientos petroleros de los más grandes del mundo para cargarlo en su totalidad. Por otro lado, una ballena ingiere unas siete toneladas de plancton al día; lo que significaría que serían necesarios treinta y nueve mil ciento treinta y ocho años para que el mamífero engullera el banco entero. Tendría que haber empezado a comer en la edad de piedra para estar terminando el banquete en nuestros días. ¿Pero saben lo que son cien millones de toneladas? Cien millónes de coches de tamaño medio aparcados en batería, o mil cuatrocientos veintiocho millones quinientos setenta y un mil cuatrocientas veintiocho personas de setenta kilogramos de media, es decir, cuatrocientas cincuenta veces la población de Madrid. Tengamos en cuenta, además, dos nuevos datos: en un metro cúbico de mar hay veinte kilos de kril y esos veinte kilos de kril se corresponden con unos veinte mil individuos. Si veinte kilogramos son veinte mil individuos, cien millones de toneladas equivalen a cien billones de diminutos seres nadadores. Eso es un banco de plancton; en concreto, de kril. Como ya les avisé, no es nada sorprendente, es un acercamiento a los maravillosos pececillos.
La segunda cosa que dio como resultado la reafirmación de mi principio fue la siguiente: un simple cálculo nos lleva a la verdadera conclusión de que de una bombilla de cien wattios salen unos doscientos cincuenta y un mil millones quinientos treinta mil billones de fotones cada segundo. Menuda ducha, ¿no? Pues imagínense la ducha que les ducha cuando salen a la calle en un día soleado.
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Pablo MPA

