Queremos ser nación

April 18, 2007

Por Javier MPA

Hace tiempo que no escribo y cuando he vuelto a mirar el blog lo he visto un poco tenso. Voy a escribir sobre la nacionalidad; espero que no me pongáis a caer de un burro. A ver, en primer lugar, si buscamos en un diccionario la palabra nación y nos dice:

1. Conjunto de habitantes de un país regidos por un mismo gobierno.

2. Territorio en el que vive ese conjunto de personas.

3. Conjunto de personas de un mismo origen étnico que tienen unos vínculos históricos comunes y que generalmente hablan el mismo idioma.
Si pensamos en nación como aquello que cumpla alguna de estas condiciones, cualquier territorio puede ser una nación; desde mi casa hasta el planeta. Si consideramos nación a aquello que cumpla la primera y la tercera condición (la segunda se refiere sólo al territorio, no a las personas) ya no puede ser el planeta pero sí podemos decir que técnicamente España, parte de Sudamérica, cuba y filipinas son una nación en su conjunto, al igual que EEUU, Canadá, Irlanda, Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia. Por eso la definición del diccionario no sirve para nada y nadie es quién de decirle a los demás lo que es una nación. Yo creo que la palabra nación empleada en lenguaje coloquial representa lo que uno se siente. Así uno insistirá acaloradamente en que su nación es Galicia (y esto probablemente te lo diga en español), cosa que a mí me parece estupendo y no tengo nada que objetar. Otro, sin embargo, aun siendo del mismo territorio y usando la misma lengua, te dirá que la suya es España, lo cual me parece también muy loable por su parte y nadie debe llamarle facha por ello. Cada uno de estos dos anteriores ha buscado unas referencias diferentes para identificarse y no por eso deben pelearse. Para mí lo que identifica a uno es la persona que sea él mismo, no dónde haya nacido o qué lengua hable. Es decir, yo creo que un inglés generoso, nervioso, elegante y un poco amanerado se parece más a un francés generoso, nervioso, elegante y un poco amanerado que a un inglés tacaño, tranquilo, desaliñado y viril.

Si ya hablamos de nación en términos jurídicos, nos estamos refiriendo al conjunto de habitantes soberanos de un territorio, que pueden votar al gobierno que rija ese territorio o incluso presentarse como gobierno.

Que dos naciones (jurídicamente hablando) se unifiquen bajo una sola soberanía es algo difícil de conseguir, ya que el poderoso tiene que estar dispuesto a ceder su trono para que alguien ocupe un trono más importante; a esto se tiende con la Unión Europea. Sin embargo, para un político con ganas de poder es mucho más apetecible reclamar su ámbito de poder como nación suya. El presidente de la Generalitat, para ser más importante, debe inventarse una nación y buscar símbolos para que luego le apoyen en su reclamación de competencias. Creo que fue Camilo José Cela quien dijo que el Hombre es un animal que se guía por el sexo, el hambre y las ansias de poder aunque también dijo algunas tonterías.
En los últimos años el Estado español (siempre digo España pero en este caso me refiero estrictamente al Estado) ha cedido poder en dos sentidos muy diferentes: la UE y las Comunidades Autónomas. Nuestro Estado se ha quedado sin muchas competencias en política monetaria, educación, sanidad, obras públicas, etc. En algunos casos esto ha sido beneficioso para las personas y en otros ha sido beneficioso para los gobernantes. Hoy en día un presidente de una Comunidad Autónoma tiene muchísimo más poder que la mayoría de los ministros y a veces incluso que el propio presidente; y este discurso de mío, mío, mío, noso, noso, noso ha tocado techo y no se sostiene.

El nacionalismo

April 15, 2007

Por Pablo MPA

Los nacionalismos se curan viajando. Esa frase tan repetida, tan simple y a la vez tan rotunda provoca, con frecuencia, un incómodo escalofrío que recorre involuntariamente las terminaciones nerviosas del rebelde ingenuo. La sola contemplación de lo que acaece más allá de lo que el nacionalista reivindica como frontera despierta, a menudo, un deseo de hacer suyo ese nuevo escenario. Es el momento en el que el idealista abre la boca y anhela poseer esas nuevas montañas, esos nuevos ríos, esas nuevas gentes y esas nuevas maravillas que se dibujan en su retina. Un buen día, sorprendido el individuo en una expresión de impotencia operativa, descubre una fotografía tomada por el telescopio Hubble; de repente se siente liberado.


Los países como sistemas

April 14, 2007
Por Pablo MPA
MI OPINIÓN SOBRE UNA CONSTITUCIÓN QUE OTORGARA A LA DEMOCRACIA EL PODER PARA LA RECONSTITUCIÓN GEOGRÁFICA DE UN PAÍS.

Pues sigo discrepando. La realización de la democracia carece de sentido cuando trasciende al ámbito nacional-geográfico. Si esa “nueva constitución” otorgara tales libertades, me vería en la obligación de reivindicar el perímetro de mi casa como país independiente.
Cualquier política concebible por el ser humano ha de residir siempre en un marco común. Actualmente, para ti y para mi, ese marco es España. Proponer una democracia en la que la independencia y la dependencia se conviertan en armas del individuo, cae en la enorme contradicción de la negación del planeta Tierra como hogar a compartir. La división de la división de la división de la división es el camino opuesto al que los humanos han intentado acercarse durante toda su historia “hábil”, es decir, la unión de la unión de la unión de la unión.
Es claro para mi, como ingeniero automático, que todo sistema debe componerse de marcos comunes dentro de marcos comunes, es decir, al estilo de una muñeca rusa; y no de granos de arena, todos ellos dentro de un mismo marco común. Esa segunda opción atacaría con violencia todos los principios de la eficiencia. La información estaría dispersa y se perdería casi inmediatamente al ser transferida (véase África). Sólo los marcos comunes pueden lograr formar un resumen de la información que otorgan los subsistemas que contienen; a su vez, un marco común aún mayor resumiría la información de aquellos marcos de inferior categoría.

Sin ser confuso, trasladando el asunto al problema que en estos momentos tenemos los españoles: sentimiento cultural propio sí, pero bajo un marco común inmediatamente superior, es decir, ESPAÑA.